La IA es Mentirosa y Alucina: 5 razones por la qué JAMÁS podrá reemplazar al contador

¿Puede la inteligencia artificial reemplazar al contador?

Nuestro último webinar en ContaPortable lo titulamos de una forma un tanto controversial: “La IA es mentirosa y alucina”. Y no es que tengamos algo en contra de la tecnología; quienes nos conocen saben que nuestra razón de ser es la automatización. Como parte de la comunidad contable que hoy vive la transición hacia la inteligencia artificial, nos corresponde evaluar, con mirada profesional, lo que realmente está sucediendo.

En este artículo, compartimos cinco razones fundamentales que explican por qué el criterio humano sigue siendo el centro de la profesión en la era de los algoritmos.

Últimamente, es común escuchar en foros o comunidades de WhatsApp que la IA viene a borrar del mapa nuestro trabajo. Pero tras analizar la realidad técnica, legal y ética de estas herramientas, la conclusión es otra: la IA no va a reemplazar al contador, al menos no en el corto plazo. El secreto está en entender que, aunque la máquina sea rápida, el criterio sigue siendo nuestra mejor carta por jugar.

Cuando la IA “alucina” y el error sale caro

Para entender por qué no podemos delegar la responsabilidad del despacho a un algoritmo, primero hay que entender qué es una “alucinación”. La IA no razona; es una máquina de predecir la siguiente palabra (o token). En su afán por darnos siempre una respuesta, si no sabe algo, lo inventará con gran seguridad.

Una alucinación es una respuesta que suena técnica y convincente, pero que no tiene respaldo real. Para que no nos cuenten cuentos, veamos estos casos que ya se consideran hitos de aprendizaje para el gremio global:

  • El precedente de Deloitte (Australia): Una de las grandes firmas globales presentó un informe financiero para un proceso judicial generado parcialmente con IA. ¿El resultado? Cifras inventadas y datos sin documentación de respaldo. El despacho tuvo que reconocer el error y devolver honorarios. Si le ocurre a un gigante, imaginemos el riesgo para un despacho local que confía ciegamente en un resumen automático.
  • La lección de Whisper (OpenAI): En entornos médicos de EE. UU. se utilizó esta herramienta para transcribir citas. El sistema, al intentar dar coherencia al texto, completó frases y diagnósticos que los médicos nunca mencionaron. En contabilidad, donde un cero de más o una clasificación errónea cambia todo un estado financiero, la supervisión no es negociable.
  • La falta de contexto y el «sentido común» (El error de Google y Bard): Incluso los creadores de estas tecnologías fallan. Google perdió 100,000 millones de dólares en valor de mercado cuando su IA (antes Bard hoy Gemini), en una presentación oficial, afirmó datos erróneos sobre el telescopio James Webb. También, la IA toma la información literalmente de internet; no distingue si una fuente es satírica o seria, como el famoso caso donde sugirió poner pegamento a una pizza porque lo leyó en un foro que resultó ser de bromas. La IA procesa datos, pero no comprende la realidad.
La IA responde; el contador valida, interpreta y respalda.

La ética no es opcional (y la IA no tiene conciencia)

Aquí la conversación deja de ser tecnológica y se vuelve profesional. Nosotros no solo digitamos datos o generamos reportes; la profesión contable en El Salvador tiene la responsabilidad de dar fe pública.

Estamos regidos por marcos regulatorios y por estándares internacionales (como el código de ética de la IESBA, Sección 120) que nos obligan a identificar amenazas: sesgos del cliente, presiones indebidas o riesgos de cumplimiento. Un contador humano puede evaluar si le están pidiendo «maquillar» un libro del IVA para pagar menos impuestos y tiene la capacidad ética de rechazar el encargo.

La IA carece de moral propia. Sus filtros son «parches» de programación, no conciencia. Como hemos discutido en webinars anteriores, la ética es una inversión a largo plazo: protege nuestra reputación y garantiza que el reconocimiento de nuestros honorarios, sean el reflejo de valor que ninguna máquina puede replicar.

El sello y la firma: un peso que solo el humano carga

No todos los resultados profesionales tienen el mismo peso legal. Un estado financiero firmado influye en créditos bancarios, inversiones y auditorías de Hacienda. Aquí, la IA se topa con tres muros insuperables:

  • Responsabilidad civil y penal: La IA no tiene personería jurídica. No puede ser multada ni procesada por un error fiscal. Siempre debe haber un profesional que respalde las cifras con su número de registro ante el Consejo de Vigilancia.
  • Confidencialidad y datos en «texto plano»: Muchas herramientas de IA viajan a servidores externos sin la encriptación necesaria para datos sensibles. Subir un balance de comprobación a un chat abierto puede ser un riesgo de filtración masiva.
  • Sesgo de confirmación: La IA tiende a complacer al usuario. Si le haces una pregunta inclinada, ella intentará darte la razón. El contador, en cambio, debe ser objetivo, incluso cuando la verdad es incómoda para el cliente.

La ventaja de la “vieja escuela” ante la automatización

Supervisar exige comprender el proceso de fondo. Quienes aprendimos a hacer contabilidad «a pie» o la llamada «vieja escuela» tenemos una ventaja competitiva real y coyuntural única de aprovechar: sabemos dónde se rompe un proceso y detectamos inconsistencias con más precisión.

Sí, las nuevas generaciones podrán ejecutar tareas con IA a gran velocidad, pero si no conocen el origen del registro contable, les será casi imposible distinguir entre un resultado correcto y una alucinación algorítmica. La IA y automatización a través de archivos JSON, nos ayuda a dejar de «picar piedra» con la digitación manual, pero nos obliga a ser más analíticos y fiscalizadores.

Una reflexión final para nuestra comunidad

No temamos al cambio. Tengamos respeto, diligencia y curiosidad. La IA es una herramienta impresionante, pero sigue siendo eso: una herramienta. Predice, pero no interpreta.

Nuestro rol está soltando la carga operativa para consolidarse en la supervisión y la consultoría estratégica. El futuro del despacho probablemente estará lleno de agentes de IA haciendo el trabajo pesado, pero el cerebro y los valores seguirán siendo humanos.

La tecnología evoluciona a pasos gigantescos, pero la responsabilidad evoluciona siempre a pasos humanos. Sigamos aprendiendo y supervisando, porque la pregunta ya no es si la IA reemplazará al contador, sino si el contador que domina la tecnología reemplazará al que decidió quedarse atrás.

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